Hay directores que tratan desesperadamente de hacerse con una identidad a base de repetir constantemente lo que consiguieron en su primera película. Otros se aferran a un género, tabla de salvación para que su nombre sobresalga en la maraña de nuevos autores. Darren Aronofsky parecía llegar con 'Pi', en 1998, para apuntarse a la oleada de mundos virtuales y enigmas de la mente, en busca de un cine con envoltorio moderno. Trece años después sólo ha hecho cinco películas, pero ha demostrado su alergia al encasillamiento y su capacidad para provocar sorpresas, no por el gusto de epatar, sino por una tendencia innata a renovarse constantemente. Y no necesita apuntarse a la última tecnología, ni renunciar a las formas del cine clásico, para que su cine aparezca siempre moderno, interesante y cautivador.
Ahora Darren Aronosfky es candidato al Oscar como mejor director con una película, 'Cisne negro', que tiene el ballet como trasfondo, e inspiración reconocida en clásicos como 'Las zapatillas rojas' (1948) de Michael Powell. Decepcionante, quizás, para quienes vieron en el debut de este neoyorkino a un nuevo gurú de la ciencia-ficción y la paranoia mental, pero es el resultado de su espíritu inquieto, y no le ha dado malos resultados: Aronofsky es hoy uno de los directores que siempre crean buenas expectativas y dan lustre a festivales, especialmente al de Venecia, que le ha querido bien con sus dos últimas películas, 'El luchador (The Wrestler, 2008) y 'Cisne negro' (2010).
Pero veamos esa evolución. En su segundo largometraje, 'Requiem por un sueño' (2000), Aronosfky optó por un impactante cine paranoico, veloz, un masaje de imágenes para la mente que reproducía los infiernos en que se zambullían sus protagonistas al experimentar con las drogas. Con 'The Fountain', quien descendió a los infiernos fue él, porque tardó seis años en completar un ambicioso canto a la espiritualidad y el amor recorriendo todo un siglo y cruzando varias historias, pero el resultado no fue bien recibido en su presentación en Venecia, y tampoco funcionó en taquilla. Escarmentado, optó por una historia mucho más sencilla, sacó a Mickey Rourke de su propio infierno, y lo restableció como estrella con el conmovedor personaje de 'El luchador', que se llevó el León de Oro de Venecia, y luego entró con fuerza en los Oscar, con nominaciones para Rourke y Marisa Tomei. Ahora es el propio Aronofsky quien encabeza un total de cinco nominaciones para 'Cisne negro', con especiales posibilidades para la protagonista Natalie Portman.
Recién separado de la actriz Rachel Weisz, y tras un drama estilizado con tintes de thriller psicológico como 'Cisne negro', Aronofsky se dispone a dar un nuevo giro a su carrera metiéndose en el mundo de los superhéroes con 'The Wolverine', la nueva historia protagonizada por Hugh Jackman en este 'spin-off' de 'X-Men', la consolidación de la relación de Darren Aronofsky con los estudios Fox. Él también tiene algo de superhéroe: no hay quien lo atrape y lo encasille.
