Cumbre Mundial sobre Cambio Climático de Copenhague

Los porqués del fracaso de la Cumbre de Copenhague

LUCÍA PALACIOS | Madrid

Ban Ki-Moon, secretario general de ONU, tras una rueda de prensa durante la Cumbre sobre el Cambio Climático celebrada en Copenhague

Decepcionante, inaceptable, insuficiente, irresponsable, injusto. Éstos son algunos de los calificativos empleados para el acuerdo (¿o habría que decir 'no acuerdo'?) alcanzado en la cumbre de Copenhague, que no ha estado a la altura de las expectativas.

Durante 12 días, del 7 al 18 de diciembre, un total de 192 países han participado en las reuniones celebradas en la capital de Dinamarca con un objetivo primordial: alcanzar un acuerdo internacional vinculante sobre cambio climático, un acuerdo que diera continuidad al protocolo de Kioto, que expira en 2012.

Este reto no se ha conseguido y de esta cumbre sólo ha salido un texto no vinculante de tres folios elaborado por unos pocos países (y liderado por EEUU y China) y aceptado por todos excepto cinco: Venezuela, Bolivia, Nicaragua, Cuba y Sudán, que con su oposición bloquearon durante diez horas el plenario.

¿Cuáles son los puntos claves de este documento? Lo principal es que se queda en una mera declaración de intenciones, ya que no recoge ningún compromiso explícito del monto global de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero ni establece un plazo concreto, en contra de lo que se pretendía, sino que se limita a recoger las propuestas anunciadas por cada país antes de acudir a la cumbre. Y tampoco hace ningún tipo de alusión a los procedimientos que deben emplearse para alcanzar esos objetivos, algo que implicaría profundos cambios en nuestros hábitos de consumo energético. El texto simplemente alude a la necesidad de limitar la subida de las temperaturas en dos grados con respecto al nivel de 1900.

Lo que sí establece el documento es la financiación que los países ricos destinarán a la mitigación y adaptación al cambio climático de las naciones en desarrollo y que será de 30.000 millones de dólares entre 2010 y 2012 y de 100.000 millones de dólares anuales a partir de 2020.

Este acuerdo satisface fundamentalmente a EEUU, China, India y Brasil, pero deja descontentos a la mayoría de los firmantes, que culpan a los dos primeros países de lo que consideran un rotundo fracaso, y a las organizaciones ecologistas, que tenían sus esperanzas puestas en la mayor reunión jamás organizada en la lucha contra el cambio climático.

¿Y ahora qué? Ahora todas las expectativas se dirigen a la siguiente cita, el próximo año en México, donde se espera que, tras este primer paso, se consiga por fin un acuerdo firme y eficaz. Pero lo que está claro es que en Copenhague se ha desaprovechado una oportunidad histórica para consegur ese nuevo orden climático mundial que el planeta necesita.